lunes, 25 de noviembre de 2013

&Capítulo.2.


La zafé del brazo y bajamos hasta el garaje. Pasaríamos está noche aquí, en un apartamento. Mañana cogeríamos un vuelo.
Selena’s POV.
Tras media hora de viaje, llegamos. Aquella situación era frustrante. No saber de quién estabas acompañada… Y sobre todo cuando de quien estabas acompañada era un prepotente como él. Llevaba horas,  encerrada en aquella habitación sin tener noticia de nada ni nadie. Escuche el chasquido de la puerta.
-        Pensaba que estarías dormida.
-        No creo que lo mejor sea dormirse en la casa de la persona que te ha secuestrado.
-        Se buena…
-         No me trates como si fuera un perro.
-          En todo caso… Serías una perra. Pero tranquila, dicen que son muy buenas en la cama.
Noté que se aproximaba a mí. Posó sus manos sobre mi cabello y deshizo el nudo que sostenía la cinta, que cubría mis ojos. Abrí los parpados y me topé con su acaramelada mirada, a centímetros de mí. Ambos nos contemplamos durante varios segundos. Había algo en él… No, tonterías.
-          Dime, ¿Tú lo eres?
Me empeñe contra él provocando que cayera al suelo, lo que no vi venir… Fue que yo también caí… Sobre él.
-          Oh, eres directa. ¿Con que quieres jugar?
-          Suéltame. – Me aparté.-
-          Testaruda. – Se levantó.-
Salió de la habitación y cerró la puerta tras de él. De nuevo sola… Aunque mejor sola, que mal acompañada. Debía encontrar la manera de salir de aquí. A pesar de las duras peleas con mi padre, no le deseaba ningún mal. Ni tampoco quería que perdiera a la única persona que le quedaba. Miré a mí alrededor, debería haber algo con lo que cortar la soga que mantenía mis manos atadas. Me aproximé a la puerta. Intenté escuchar el ruido proveniente del exterior. Nada. El transcurso de los minutos fue lento, hasta que escuché el chasquido de la puerta principal. Arriesgándome a lo peor, intente abrir la puerta, a pesar del pequeño percance de tener las manos atadas. Finalmente lo conseguí. No hubiera pensado que sería tan fácil. Revisé el apartamento. No parecía que aquí viviera alguien, mucho menos un hombre. Llegué al comedor. Había un pequeño pasillo que me llevo hasta la cocina. Perfecto. ¿Qué mejor lugar para encontrar objetos afilados? Abrí los cajones, con alguna que otra dificultad. Hasta que los encontré. Cogí algo parecido a una navaja. Verdaderamente, mirando mi situación, no me sorprendió que guardara una navaja. Corté la soga, y liberé mis manos. Aunque guarde un irritante dolor en mis muñecas. Miré la navaja. Probablemente la necesitará más adelante. La cerré y guardé dentro de mi bota izquierda. Miré a mí alrededor. Esto estaba resultando demasiado fácil…
Salí de la cocina y me dirige a la puerta de la entrada. Tal y como pensaba, cerraduras blindadas. Debía haber una llave por algún lado. Registré todo el salón y comedor. La cocina. Volví de nuevo a registrar los cajones. Estaba tan centrada en encontrarla, que no me había percatado de que él… había vuelto. Noté una leve presión sobre mis muñecas, doloridas. Me volvió hacia él, y posó mis muñecas sobre mí, contra la pared. Quedando así, atrapada entre la espada y la pared… En ese momento los dichos de mi padre sirvieron de mucho.
-           ¿No podías quedarte quieta, verdad? – Reprochó sobre mis labios. 

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