La zafé del brazo y bajamos hasta el garaje. Pasaríamos está noche aquí, en un apartamento. Mañana cogeríamos un vuelo.
Selena’s
POV.
Tras
media hora de viaje, llegamos. Aquella situación era frustrante. No saber de
quién estabas acompañada… Y sobre todo cuando de quien estabas acompañada era
un prepotente como él. Llevaba horas,
encerrada en aquella habitación sin tener noticia de nada ni nadie. Escuche
el chasquido de la puerta.
- Pensaba que estarías dormida.
- No creo que lo mejor sea dormirse en la casa de la persona que te ha
secuestrado.
- Se buena…
- No me trates como si fuera un perro.
- En todo caso… Serías una perra. Pero tranquila, dicen que son muy
buenas en la cama.
Noté que se aproximaba a mí. Posó sus manos
sobre mi cabello y deshizo el nudo que sostenía la cinta, que cubría mis ojos.
Abrí los parpados y me topé con su acaramelada mirada, a centímetros de mí.
Ambos nos contemplamos durante varios segundos. Había algo en él… No,
tonterías.
- Dime, ¿Tú lo eres?
Me empeñe contra él provocando que cayera al
suelo, lo que no vi venir… Fue que yo también caí… Sobre él.
- Oh, eres directa. ¿Con que quieres jugar?
- Suéltame. – Me aparté.-
- Testaruda. – Se levantó.-
Salió de la habitación y cerró la puerta tras
de él. De nuevo sola… Aunque mejor sola, que mal acompañada. Debía encontrar la
manera de salir de aquí. A pesar de las duras peleas con mi padre, no le
deseaba ningún mal. Ni tampoco quería que perdiera a la única persona que le
quedaba. Miré a mí alrededor, debería haber algo con lo que cortar la soga que
mantenía mis manos atadas. Me aproximé a la puerta. Intenté escuchar el ruido
proveniente del exterior. Nada. El transcurso de los minutos fue lento, hasta
que escuché el chasquido de la puerta principal. Arriesgándome a lo peor,
intente abrir la puerta, a pesar del pequeño percance de tener las manos
atadas. Finalmente lo conseguí. No hubiera pensado que sería tan fácil. Revisé
el apartamento. No parecía que aquí viviera alguien, mucho menos un hombre.
Llegué al comedor. Había un pequeño pasillo que me llevo hasta la cocina.
Perfecto. ¿Qué mejor lugar para encontrar objetos afilados? Abrí los cajones,
con alguna que otra dificultad. Hasta que los encontré. Cogí algo parecido a
una navaja. Verdaderamente, mirando mi situación, no me sorprendió que guardara
una navaja. Corté la soga, y liberé mis manos. Aunque guarde un irritante dolor
en mis muñecas. Miré la navaja. Probablemente la necesitará más adelante. La
cerré y guardé dentro de mi bota izquierda. Miré a mí alrededor. Esto estaba
resultando demasiado fácil…
Salí de la cocina y me dirige a la puerta de
la entrada. Tal y como pensaba, cerraduras blindadas. Debía haber una llave por
algún lado. Registré todo el salón y comedor. La cocina. Volví de nuevo a
registrar los cajones. Estaba tan centrada en encontrarla, que no me había
percatado de que él… había vuelto. Noté una leve presión sobre mis muñecas,
doloridas. Me volvió hacia él, y posó mis muñecas sobre mí, contra la pared.
Quedando así, atrapada entre la espada y la pared… En ese momento los dichos de
mi padre sirvieron de mucho.
- ¿No podías quedarte quieta, verdad? – Reprochó sobre mis labios.
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